Construyendo un banco de leche con muchos intereses :)

diarios de lactancia

Como buena mamá primeriza (y organizada), antes de que Ana naciera creé una hermosa lista con “imprescindibles”: ropita para un día de sol y uno de lluvia, juguetes con miles de lentejuelas y botones divinos, y el famoso sacaleche Medela, que me permitiría tener un poco de libertad.

Como buena mamá primeriza (y organizada), muchos “imprescindibles” no fueron tan imprescindibles como creí.

La ropita, o no coincidió con el clima o no le quedó y no pudo usarla.
Con los juguetes no me fijé en un importante detalle: la edad. Y resultó ser que tantos adornitos son para niños más grandes; niños que ya no se llevan todo a la boca, ¡así que al clóset hasta nuevo aviso!
Con el Swing sucedió que me fue tan bien dando el pecho que pensé: “¡para qué usarlo!”. Así que fue al clóset junto a los juguetes.

Pero un fresquito día de invierno me despierto con el cuerpo cortado, con tos, con dolor de garganta y con 39 grados de fiebre. Ahí fue cuando tomé conciencia de la importancia de tener un banco de leche. Y no para poder salir al cine o para poder ir de compras, sino por lo valiosa que es mi leche.
Afortunadamente mi gripa pudo ser tratada sin antibióticos y no tuve que suspender la lactancia, pero aprendí la lección y empecé a crear mi propio banco de leche.

En los horarios en los que Ana dormía más comencé a usar el extractor, las bolsitas Pump and Save y las botellas para recolectar y almacenar mi leche en el congelador. Así que ahora mi refrigerador tiene frutas, verduras, helado y leche materna, que algún día nos será útil.

Algo que en un primer momento me parecía poco necesario o complicado, se convirtió en algo práctico y esencial. Me di cuenta que todo lo relacionado a los bebés gira en torno a las rutinas, y son ellas quienes nos enseñan a ser mejores con la práctica. Así como con el pecho, con el sacaleche y el banco, fui convirtiéndome en una maestra en el tema. Se convirtió en una actividad más de todas las que desempeño como mamá.

Y duermo tranquila (¡mi hija ya duerme toda la noche!) porque sé que si llegara a enfermarme, Ana no tendría que tomar fórmula sino que podría seguir disfrutando de las ventajas de mi leche.
Gracias a lo que me pasó pude darme cuenta que contar con un banco de leche es una gran inversión.
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Julieta Gutman